Es usual que todos pensemos en la seguridad como un término que hace alusión a las actividades que desarrollan terceros y de las cuales somos beneficiarios, esta es una percepción parcializada de la realidad que abarca un término o una actividad que es tan importante para nuestras vidas.
Las necesidades básicas del hombre se componen de aquellas relacionadas con lo fisiológico (dormir, respirar, comer, beber), psicológicas o sociales (afecto, pertenencia, estima, autorrealización) y de seguridad (vivienda y protección), lo que nos da a entender que más allá de una sensación o una percepción la seguridad es una necesidad básica de la persona.
Durante toda la historia los seres humanos dependían del azar y de sus propios medios para sobrevivir a las amenazas que el entorno les imponía: las tribus enemigas, depredadores naturales, elementos de la naturaleza que podían afectar sus intereses o la misma vida.
A pesar de los cambios en el entorno las amenazas continúan vigentes, a diferencia de aquella época, los medios de los que disponemos facilitan poder contrarrestar aquello que nos pone en riesgo, elementos tecnológicos, empresas de servicios, instituciones del estado entre otros, son los que se encargan de fomentar aquella sensación que nos brinda la tranquilidad.
Las fuerzas de seguridad pública son las que asigna el estado para la protección del territorio y sus habitantes, cumplen funciones constitucionales que no les permiten particularizar sus esfuerzos a lo privado, por ello se han delegado funciones en empresas privadas que se constituyen para estos fines.
La privatización de la seguridad ha sido fruto de la incapacidad del estado para garantizar la tranquilidad y seguridad de la ciudadanía especialmente en entornos privados (empresas, urbanizaciones, centros comerciales), lo que ha llevado a los particulares a constituirse y legalizarse para satisfacer esta necesidad, de ahí la criticidad de la labor que desarrollamos las empresas de seguridad.
La oferta de servicios de las empresas de vigilancia promueve un ambiente de tranquilidad que a su vez incrementa la sensación de seguridad en los usuarios, derivando ello en una pérdida de la consciencia situacional de nuestros usuarios, sumergiéndolos en una burbuja que no les permite tener una percepción real de las condiciones de riesgo de su entorno.
Normalizar el término “aquí nunca ha pasado nada” y creer que siempre va a ser así es un error garrafal en la gestión de la seguridad, la sabiduría popular nos dice que las cosas no nos afectan hasta que nos pasan, la mayoría de las personas precavidas empezaron a serlo cuando les pasó.
Entendiendo la que los servicios de vigilancia y seguridad privada hacen parte de los controles creados como coadyuvantes en la gestión de la seguridad, es importante tener claros cuales son sus objetivos y limitantes a la hora de delegar responsabilidades, entregar información y esperar resultados, el hecho de contratar sus servicios no quiere decir que podemos desligarnos de la responsabilidad de gestionar las acciones, condiciones o situaciones que pueden poner en riesgo nuestra tranquilidad, como usuarios es necesario reactivar la consciencia de lo que nos rodea y puede afectarnos, para que de la mano con los expertos se le pueda dar el tratamiento adecuado.
Cuando nos digan “la seguridad es compromiso de todos”, debemos entender esta expresión como un llamado a que no dejemos de lado el autocuidado y a que no seamos indiferentes ante lo que puede llegar a afectar a otro.
Gestión de Riesgos y Operaciones.